viernes, 2 de diciembre de 2011

(LLL)



live.laugh.love.
there's no more.


¡que no!

Ni el momento, ni el lugar. Sin motivo, sin razón, sin sentido.
Vamos que no, que salgas por donde entraste.
Quiero ver que sales, te pierdes en la lejanía y que por tu estúpida cabecita no vuelve a pasarse la idea de dar media vuelta, porque como vea cualquier amago de volver, te juro que soy yo la que te pega un tiro.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Hola, soy yo.

Dicen que las personas que pasan mucho tiempo juntas, mimetizan, y terminan pareciéndose tanto física como psicológicamente. Entonces me pregunto:
Si quiero encontrarme a mí misma, saber cómo soy, a qué aspiro, resolver mis dudas existenciales, ¿tengo que encerrarme sola con el fin de terminar pareciéndome a lo que en realidad soy? o por el contrario, ¿es preferible rodearse de gente, que nos quiera, que nos aprecie más o menos, para que ellos nos hagan ver esos aspectos personales propios de los que no somos conscientes; para mejorarlos o, simplemente, para ver que también nosotros tenemos cosas buenas y maravillosas?


Creo que nunca se me ha dado demasiado bien lo de aislarme.

Déjalo estar

"¡Enhorabuena! por fin te has dado cuenta", repite burlona mi mente.

Pensaba que últimamente estaba rara, y acabo de caer en que no. Eres tú, que te has convertido en una de esas personas por las que sientes auténtica indiferencia. Si me hablas, pues bueno, aunque preferiría que ni te molestaras.
Jamás me había pasado con nadie, con nadie al que no considerara cualquiera, que en algún momento hubiera sido "importante", así que:
¡Enhorabuena! enhorabuena porque has sido capaz de cambiarme, aunque pienso que para mal.
Y un enhorabuena también para mí, por ser capaz de verlo, y de sentir hacia ti lo que realmente te mereces.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Cosas que pasan

Y eso, llega un momento en el que ya no sabes si echas de menos a la persona, o si lo que extrañas realmente, es el papel que dicha persona jugaba en tu vida. Supongo que es normal, el roce hace el cariño, te acostumbras a que esté ahí, a que ciertas cosas de las que te gusta hablar, sólo te gustan cuando con quien las hablas es con él, con los demás carece de sentido porque la conversación no toma el mismo ritmo, ni las bromas son lo mismo.
Odio esos momentos de incomodidad personal, cuando, hablando con alguien, se te viene a la cabeza una coña, un comentario PERFECTO para la ocasión, y con una gran sonrisa, cuando tus labios se separan para disparar, entonces tu hipocampo te recuerda que eso pertenece al pasado, a los recuerdos, y que aunque pudiera resultar gracioso, para ello tendrías que explicarle al otro toda la historia anterior, recordar (algo que tampoco apetece), y al final de tu cara sólo sale una falsa y melancólica sonrisa que dice: "en realidad, es una idiotez, pero bueno, era parte de nuestra química, de nuestro juego". Y todas estas cosas son las que cuando las piensas, te hacen decir LE echo de menos; a él, su personalidad, sus tonterías, sus manías, sus anécdotas, sus comentarios reconfortantes, esos que parecía que sólo él sabía decir, como si tuviera tu manual de instrucciones y supiera qué botón, en qué momento y de qué forma, hay que tocar para que todo esté bien.
Y en este momento de la historia pueden pasar dos cosas:
1.- Te echas a llorar desconsolada, desahogando todo eso que te has estado guardando sólo para ti, y preguntándote por qué. Incluso puede, que cayendo en el error de preguntarte si la culpa ha sido tuya, si podías haber hecho algo más para solucionarlo, cuando está claro que no, y que lo sabes perfectamente, tú y el resto de personas que conocen la historia, pero bueno, es normal, se te perdona caer en el error porque, son cosas que pasan, aunque es importante que salgas de él cuanto antes. Si no, esto se vuelve contra ti, en una espiral de remordimiento innecesario que te no te deja salir y respirar.
O bien, la número 2.- Empiezas a recordar todas las cosas que no te gustaban, por las que te diste cuenta de que, a lo mejor intentándolo en serio.... pero que no, que hacían inviable esa relación. Cosas como, por ejemplo, su inmadurez para determinados momentos -ya, pero eso en el fondo me gustaba, lo hacía para quitarle hierro al asunto y que no me preocupara- -olvídalo, céntrate en lo malo, tenemos que cerrar esto-. Y así con una larga lista de cosas, dándote cuenta, poco a poco, de que lo que echas de menos no es a él. Es el necesitar un abrazo y tener siempre a alguien dispuesto a dártelo, colgarte del cuello de alguien más alto y fuerte que tú, y que le haga tanta ilusión que lo hagas como a ti te hace hacerlo, los besos (por sorpresa o no), las caricias, las cosquillas. No dormir sola en la cama, echar de menos el lado fresquito en verano, y en invierno extrañar que alguien te dé su calor, compartir el paraguas en uno de esos días feos y lluviosos. En fin, la idea de tener una atmósfera en la que te sientes a gusto con alguien, como si el mundo se hubiera parado y sólo existierais tú y la otra persona, como si vivierais en una gran burbuja de felicidad en la que sólo cogen dos, y en la que no se extraña a nadie más.
Pero el tiempo pasa, y hace que esa sensación de "abandono" (por llamarla de alguna forma) desaparezca, igual que cuando, al quitarte un reloj sigues teniendo la sensación de que lo llevas puesto, y no puedes evitar echarle un vistazo a la hora. Hasta que te acostumbras.




 




Ya encontraré otro reloj que me guste.

lunes, 3 de octubre de 2011

El pequeño complejo

"Culo veo, culo quiero", "ni contigo, ni sin ti", dos frases hechas que describen bastante bien lo que yo denomino como "el pequeño complejo", que no es, ni más ni menos, que el complejo de "perro del hortelano" que todos, en mayor o menos medida, pero todos, padecemos. Y es que siempre empieza igual: le echamos el ojo a algo que parece estar fuera de nuestro alcance, y si encima vemos que otro está más cerca de conseguirlo, o simplemente, que se nos escapa irremediablemente de las manos... ¡¡¡MEJOR!!! Porque sí, somos unos masoquistas y nos gusta complicarnos y sufrir. Cuanto más inaccesible parezca, más nos atrae. En ese momento, cuando ya se ha elegido el objetivo, comienza la etapa de "la lucha" en la que haremos, de hecho HACEMOS, lo que haga falta para conseguir lo que vamos buscando, incluso cosas que no creíamos propias de nosotros mismos.
Tras esto, llega la etapa final, esa tan deseada porque es en la que alcanzamos nuestra meta, y en la que empezamos a saborear nuestro logro, nuestra "victoria personal". Lástima que el ser humano sea un animal inconformista por naturaleza, lo cual hace que a los pocos días nos cansemos de lo conseguido y vayamos a buscar nuevas metas.
No quiero que se me malinterprete: es cierto que ese inconformismo es, muy posiblemente, la principal causa de nuestro éxito profesional, pero también es la principal causa de muchos de nuestros fracasos personales, y en especial, amorosos. Las personas no son puestos de trabajo, no son plazas de una oposición, ni nada material de lo que te cansas y que cuando te apetece volver a disfrutarlo está esperándote en la estantería en la que lo dejaste olvidado; las personas tienen sentimientos, algo con lo que no se debe jugar, y si alguien te importa de verdad no te arriesgas a perderle por tu inconformismo y tu inestabilidad. Si te importara de verdad, sabrías que no va a estar esperándote en un rincón a que le eches de menos y vuelvas. Para cuando te des cuenta de que le echas de menos, esa persona ya ha desaparecido completamente de tu vida, o si no ha desaparecido, ha seguido adelante sin ti, una situación que muchas veces da lugar de nuevo al "culo veo, culo quiero", "ni contigo, ni sin ti" y nos transforma, otra vez, en el perro que ni come, ni deja comer.



Tus besos me supieron a poco, pero yo ya he seguido. Buena suerte en tu camino, que yo el mío seguiré.

jueves, 28 de julio de 2011

Veneno

Una canción que me gusta mucho, dice algo así como: "qué ridículo es callarse cuando quieres decir, que estás bien cuando todo va mal, que sólo me sale cantar..." Pues bien, me encanta esa parte de la canción y estoy bastante de acuerdo con ella pero, yo creo y digo que lo verdaderamente ridículo es hablar y decir cosas, que luego no puedes justificar. El decirlas por decir, porque luego, cuando te preguntan el por qué de esas palabras y no sabes qué contestar, o simplemente, no quieres reconocer abiertamente el motivo por el que las dices, entonces, sí que quedas como un auténtico idiota. Por eso hay veces en las que es mejor callarse y guardar silencio, y no manchar algo tan maravilloso con palabras absurdas; absurdas porque no se sienten, o absurdas porque a pesar de ser sentidas no somos capaces de reconocer ante el otro su verdadero significado.

Cuando estés listo para hablar, habla; mientras tanto, calla.