A todos nos llegan esos momentos en los que sentimos que ha llegado el tiempo de cambiar pero, no nos atrevemos a dar el gran paso. En parte, porque nos hemos hecho a la rutina, con la que, al fin y al cabo, no se está tan mal, pero también porque tememos herir a gente que queremos con nuestra decisión. Y aquí surge mi duda, intentando protegerlos, ¿no les causamos más daño, tanto a ellos como a nosotros mismos? Quiero decir, si una situación pasa de causarnos placer y de ser una con la que nos sentimos cómodos a otra que nos desagrada, o por la que, simplemente, ahora sentimos total indiferencia, ¿merece la pena mantener las apariencias?, ¿queremos vivir engañándonos a nosotros y a los demás?, ¿queremos renunciar a nuestra felicidad y privar a los que “protegemos” de la suya? Alguno puede pensar: “¿cómo vas a privarles de su felicidad si tú decides conformarte para no herirles?” pero, seamos sinceros, nadie mantiene las apariencias tan bien, nadie sabe aparentar que está cómodo en unas circunstancias con las que dejó de ser feliz hace tiempo, por muy buen actor que sea, y esas atmósferas de falsedad sólo saben crear infelicidad.
http://www.youtube.com/watch?v=-I103y2WAM4
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