martes, 5 de julio de 2011

No sé si me quiero enamorar

Hoy debatía con una amiga sobre qué es el amor; sí, ya sabéis ese sentimiento que todos conocemos, aunque sólo sea de oídas, y que, por fortuna o por desgracia, para algunos es imposible sentir.
Reímos y disfrutamos pero, también sufrimos y lloramos con y por él. Realmente, una gran sensación cuando todo va bien, o al menos, eso dicen, (y aquí ya creo que me estoy desviando del amor en general para meterme en el amor de pareja) porque he aquí una “no-enamorada” y no es que sea incapaz de amar, doy fe de que no es eso, y de que quiero mucho, muchísimo a determinadas personas de mi entorno, a las que, obviamente, no voy a nombrar, y no sólo por su número, si no porque sé que sabrán darse por aludidas pero, a lo que iba, “…o al menos, eso dicen…” y es que no lo he experimentado, y creedme, cuando lo veo no me importaría pasar por esa etapa de “el síndrome del enchochamiento mutuo absoluto” que todas, absolutamente TODAS las parejas, sufrís, aunque haya veces que resulte un tanto pasteloso de más (lo siento pero, es así, vosotros no os veis desde fuera y no sois capaces de apreciar hasta qué punto podéis llegar algunos). Pero también os he visto sufrir, llorar e incluso plantearos cosas que para vosotros en vuestras vidas eran algo esencial por esa otra persona, y eso sí que prefiero no haberlo vivido nunca en mis carnes. No es que no me ponga en vuestro lugar de amar a esa persona y por él o ella ser capaz de renunciar a ciertas cosas, porque sí, el amor consiste en eso, en dar y recibir (sobretodo dar y ceder) pero todo por y para el bien de los dos, y puede sonar egoísta lo que voy a decir pero, ¿y si esa persona no es para siempre, es decir, no es tu definitiva?, o ¿y si el amor resulta que sí es caduco, y que no existe un verdadero amor para toda la vida, si no una mezcla entre cariño y costumbre al otro? Entonces qué, entonces, ¿debo plantearme si hago o dejo de hacer determinadas cosas que para mí han sido un todo durante todo ese tiempo en el que él no formaba parte de mi vida, por el simple hecho de que ha llegado y de que ahora (pero no sé hasta cuándo) somos dos? Sinceramente, lo pienso y sé que me resultaría casi imposible tomar esa serie de decisiones de forma favorable hacia el bienestar de la pareja. Puede que ahora lo diga, y que luego sea la primera en darlo y dejarlo todo por amor, porque nunca podemos decir “de este agua no beberé” y porque, lo reconozco, soy una romanticona empedernida, y contra la naturaleza no se puede luchar. Pero, aún así, en forma de nota mental en un momento de sobriedad amorosa, quiero decirme a mí misma: ojalá nunca tengas que arrepentirte de que “por amor se hacen auténticas locuras”.


1 comentario: